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Meteorología, mucho más que un pronóstico

A propósito del Día Mundial de la Meteorología, Sandra Mejía, docente del Dpto. de Ingeniería Ambiental, hace una breve reseña sobre este campo de estudio.

Día Meteorológico Mundial

 

Desde la aparición del ser humano sobre el planeta tierra, la observación del cielo ha ocupado un lugar importante en su mente, generando curiosidad, incertidumbre y muchas preguntas en torno a eventos que no solo visualmente resultan fantásticos, sino que sensorialmente logran ser correlacionados por nuestros sentidos, como una respuesta sutil, pero a la vez contundente, debido a las modificaciones de las condiciones atmosféricas durante el día, en ciertos momentos del año (estaciones o temporadas secas y lluviosas), o por las añoranzas que nos permiten identificar que el clima ha cambiado.

En la meteorología, como ciencia interdisciplinaria, se procura resolver o anticipar en el corto tiempo las variaciones de las condiciones atmosféricas a lo largo del día, esto se plasma en los pronósticos meteorológicos.

En Colombia, la entidad oficial que se encarga de emitir los pronósticos, generar informes y estudios sobre el comportamiento del tiempo y clima es el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).

Históricamente, el Ideam se ha preocupado por fortalecer los mecanismos que permiten que todos los ciudadanos tengamos una información más acertada sobre las variaciones que pueden presentarse en el estado de la atmosfera a lo largo del día y la noche.

La posición geográfica de Colombia le permite disponer de un rico recurso hídrico y de diferentes tipos de clima, que van desde los más fríos (nevados y sierras) hasta los más cálidos (litorales costeros).

Estas características únicas interfieren en el nivel de efectividad de los pronósticos, sumados a la precipitación que principalmente está influenciada por la Zona de Convergencia Intertrópical —cinturón nuboso que se extiende sobre todo el Ecuador abrazando al planeta y que se desplaza a principio de año hacia el hemisferio norte y en el segundo semestre más hacia el hemisferio sur—, entre otros sistemas dinámicos que también modifican el comportamiento atmosférico en diferentes momentos del año.

El país también presenta modificaciones en sus patrones climáticos por eventos de variabilidad climática como los fenómenos El niño y La niña, que generan una alteración en los patrones de precipitación para el área Andina y la costa Caribe colombiana.

Durante El niño, las precipitaciones disminuyen y se hacen más extensas las sequías, en tanto que el fenómeno de La niña implica un aumento de las precipitaciones, lo que ocasiona inundaciones por el aumento en los niveles de los ríos, afectando en gran medida al territorio colombiano, puesto que estos cuerpos de agua ven perturbadas sus dinámicas de caudales y sedimentación.

Como resultado, el río Magdalena recibe esta sobrecarga que, en algunos momentos, puede generan afectaciones sobre estructuras hidráulicas, por ejemplo, el rompimiento del Canal del Dique.

Este evento —ocurrido el 30 de noviembre de 2010— arrasó miles de hectáreas y generó la muerte de varias especies animales, hambruna en muchas comunidades y un duro golpe a la economía nacional, especialmente a las actividades agropecuarias.

¿Y el cambio climático?

Es importante mencionar que el territorio colombiano no se escapa de los impactos que genera el cambio climático. A partir de la década de los 90, más exactamente en el año 1992, se adopta en Nueva York la Convención Marco de la Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). En el 2000 allí se establece el Protocolo de Kioto, pero, en Colombia, el Ministerio de Ambiente la ratifica dos años después.

Por aquellos años, este tema pasaba desapercibido y se creía muy lejano, sin embargo, el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial —hoy Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible— y el Departamento Nacional de Planeación se interesaron en elaborar una hoja de ruta en la cual se establecieron, con el apoyo de la academia, los sectores productivos y las organizaciones no gubernamentales, los Lineamientos de la Política de Cambio Climático, que esbozan las principales estrategias para la mitigación del cambio climático en el marco de la CMNUCC, del Protocolo de Kioto y de la Primera Comunicación Nacional sobre Cambio Climático.

La realidad del cambio climático en Colombia se observa en la pérdida de extensión de la capa de nieve en los nevados, el ascenso del nivel del mar en las costas que incrementa la erosión en los litorales, la pérdida de los ecosistemas de coral por cambio en las temperaturas superficiales en nuestros mares, y la tendencia al aumento de las temperaturas, entre otros aspectos.

Los impactos de los eventos de variabilidad climática y el cambio climático revelan la vulnerabilidad de el territorio colombiano ante las alteraciones de los patrones climáticos y ponen en riesgo constante nuestra economía, ya que la recuperación de los territorios y sus actividades económicas resulta lenta y costosa y, a pesar de todas las estrategias de mitigación, su frecuencia impide una ideal recuperación.

Nuestro aporte como ciudadanos del planeta debe estar enfocado en una cultura que promueva y ejerza acciones individuales que permitan mitigar los impactos de la variabilidad climática y del cambio climático, a través de la concientización de cada una de nuestras acciones en el día a día, por ejemplo, adoptar alternativas de movilidad, protección y ahorro de recursos naturales e implementar metodologías que impacten lo menos posible nuestros entornos.

La sumatoria de estas acciones nos permitirán una mejor adaptación a los cambios climáticos, mejorando sustancialmente nuestro entorno.

Sandra Milena Mejía Hoy
Docente
Departamento de Ingeniería Ambiental
Bogotá, D. C., 23 de marzo de 2019
Imágenes: Departamento de Comunicación y Publicaciones
Última actualización: 2019-05-17 11:08