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“Lo suyo: el escenario. Su imán, su día a día”

Así lo afirmó Gilberto Bello, docente de Arte Dramático, ante el fallecimiento de su amigo y colega, Héctor Bayona.

“Lo suyo: el escenario. Su imán día a día”
Foto: Sr. Mao.

 

Alcanzar la calidad en todas las profesiones es un privilegio que se concede a muy pocos. Esta condición demanda pasión, obsesión, disciplina, constancia y, sobre todo, capacidad para resistir el fracaso y doblarle el espinazo hasta lograr acercarse al lejano horizonte de la perfección.

Hoy quiero hablar de un actor al que cada día veía asomarse a las puertas de las aulas de la carrera de Arte Dramático de la Universidad Central, en convenio con el Teatro Libre.

Me sorprendían su sonrisa y una franqueza a prueba de misiles. Tengo, todavía, la imagen y muchas sensaciones claras de estar frente a un hombre recto, digno y comprensivo, como sacado de un material qué, aunque con el paso de los años, se acaba, solamente la tienen aquellos que sin querer trascienden, incluso más allá de sus propias expectativas, debilidades y contradicciones.

Colocaba su sombrero sobre el escritorio y conversábamos “de lo que toca”, ─decía─. El teatro, el país, las inquietantes noticias de cada día y el futuro que no es otra cosa más que la incertidumbre: “Colombia es como una pequeña casa construida en un precioso valle y la amenaza una enorme piedra que está a punto de caer sobre ella”, una frase que salió así, de pronto, como muchas de él.

Era de esos hombres callados, como si estuviera siempre meditando y con los ojos bien abiertos; estoy seguro que para él nos convertíamos, en su mirada, en un espejo de sus aprendizajes.

Esperaba con paciencia a los estudiantes y, a veces, se enfurecía por la tardanza ─ “tienen que aprender que esta profesión es seria”, decía─, y se sentaba frente a la ventana, de cara a la luz, a repasar su clase.

Uno a uno, con lentitud, se sentían los pasos de los jóvenes en el pasillo y se agitaban al ver la silueta del maestro concentrado en su lectura. Sentía una especial predilección por ellos; predicción de un maestro que no se para en pelos para formarlos, en este caso, en la tarea de ser personajes de obras de teatro que demandan más allá del último sudor, la más profunda búsqueda de la imaginación y de la creatividad para alcanzar, en la representación, la profundidad necesaria para llegar a la credibilidad y a la libertad creativa.

Entre tablas, charlas y memorias

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Navegante del pequeño barco que se lanzó a una aventura llamada el Teatro Libre de Bogotá: grupo que fue su hogar, su refugio, su realización, la íntima fuerza que le permitió, después de divagar y rondar por muchos trabajos, alcanzar la felicidad de ser actor, tal como lo manifestó en varias entrevistas.
Lo suyo: el escenario. Su imán, su día a día. Si fuera posible afirmar que hay ecos seductores en el alma y algunos hombres caminan emocionados hacia él y se integran a su sonido, debo decir que Héctor fue uno de ellos y en primera fila.

Fue primera fila para gritar por el cambio social, fue primera fila para medirse a papeles que nunca se habían intentado en Colombia, fue primera fila en la responsabilidad de actor, fue primera fila de resistencia para burlarse de la enfermedad que lo consumía; fue primera fila para animar a todos cuantos daban su brazo a torcer a la primera dificultad.

Y como actor, un brillante interpretante: sólido, contundente, sin disfraces, sin ropajes para eludir la responsabilidad.

A veces conversábamos de sus personajes y del sufrimiento que le causaba la búsqueda para llegar a ellos; ese largo camino que emprende un hombre hasta entender las motivaciones y la arquitectura de un prototipo. Para ello, estudiaba, y se le metió a Shakespeare, Dostoyevski, Pinter y muchos de los grandes y dejó huella. Lo recuerdo concentrado, valiente y, sobre todo, respetuoso de sus roles sobre el escenario.

Hablamos varias veces de concertar una larga entrevista que cubriera su vida y sus realizaciones y siempre, por una u otra razón, la posponíamos. Nunca la hicimos, me quedé con las preguntas en el tintero, en el reposo de la posibilidad. La mejor imagen que tengo es su amabilidad y una promesa: “Cuando quieras nos sentamos y hablamos largo, aquí o en otra parte para estar a gusto y de teatro que es lo que más me gusta”.

Con la intención de rendir un homenaje a la vida y obra del maestro Bayona, el Departamento de Arte Dramático realizó, el pasado 17 de agosto, en el Teatro Libre - Sala Centro, una ceremonia en la que enterraron sus cenizas.
Gilberto Bello
Docente del Dpto. de Arte Dramático
Bogotá, D. C., 30 de agosto de 2019
Imágenes: Cortesía Del Dpto. de Arte Dramático
Última actualización: 2019-08-30 09:59