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En tiempos de cuarentena: mini huertas urbanas, mini revolución

El aislamiento preventivo puede ser la oportunidad para sembrar nuestros propios alimentos y ser conscientes del impacto ambiental de nuestras prácticas de consumo.

mini huerto

En estos momentos de crisis en que estamos aislados en casa y priorizamos nuestro consumo solo a elementos de primera necesidad, como los alimentos, se hace más valioso el concepto del consumo responsable, entendido como las buenas practicas que debemos hacer siendo más conscientes del impacto ambiental que generamos con nuestros modelos de compra.

Es decir, la huella que dejamos en el planeta por la manera en que se producen los objetos que adquirimos, también por sus materiales y la forma en que serán desechados cuando dejen de ser útiles. Dentro de estas buenas prácticas y, relacionado directamente con la alimentación, hay un tema muy importante: las huertas urbanas. Esos mini cultivos que podemos tener en casa, en reducidos espacios como un pequeño jardín, algunas materas o incluso un balcón.

Esto se considera una buena práctica de consumo responsable porque no solo mejora nuestra alimentación, lo que es parte fundamental de una vida saludable, si no que disminuye impactos asociados a los cultivos masivos, como el uso de grandes cantidades de agua, las emisiones de co2 por el transporte de los mismos e incluso, todos los materiales de los empaques que deben ser usados para comercializarlos y que son desechados después de tener una vida útil muy corta. Además, de la posibilidad de que estos alimentos estén contaminados con químicos y otras sustancias nocivas.

Todo esto se encuentra en relación directa con la soberanía alimentaria, la cual es el derecho de todo individuo a producir su propio alimento de forma sustentable para alimentarse de la mejor manera posible. En estas pequeñas huertas se pueden cultivar todo tipo de alimentos, existe una gran oferta no solo de semillas sino también de proyectos de asesoría, y de elementos diseñados y adecuados según las necesidades específicas del espacio del que disponemos.

También hay una gran cantidad de tutoriales sencillos para comenzar. Con tan solo unas botellas de plástico o con los residuos de nuestra cocina podemos germinar algunas hortalizas, como: cebollas, apio, pimentón, ajo y zanahorias; y con estos residuos, también podemos llevar este ejercicio un poco más lejos y hacer nuestro propio abono orgánico, con sencillos procesos de compostaje.

Algunos de estos cultivos requerirán más cuidado que otros y dependerán de condiciones como el clima, la altura y demás, pero no hay ninguna excusa para no hacer parte de esta revolución y ser consumidores responsables. Con un poco de esfuerzo, en algunos meses podremos ser agricultores, con todas las ventajas que esto supone como una actividad relajante, que fortalece la paciencia y que ofrece la gratificación de aportar a esa renovación verde que requieren nuestras casas, nuestras ciudades y nuestras vidas.

Aida Sanes Orrego
Docente de Ingeniería Ambiental
Bogotá, D. C., 22 de abril de 2020
Imágenes: Cortesía - Aida Sanes Orrego
Última actualización:2020-04-22 06:00