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¿Qué es la neuropsicología y cómo está transformando la enseñanza?

Academia | 13 Abril, 2026

Tal vez todos los estudiantes hayan experimentado alguna vez un "bloqueo" durante un examen. Y no por falta de conocimiento, sino por la emocionalidad o el estrés que altera el funcionamiento cognoscitivo (la memoria), impidiendo que el cerebro recupere la información guardada. 

La neuropsicología estudia precisamente eso: cómo nuestro estado físico y emocional dicta nuestra capacidad de aprender y reaccionar. De acuerdo con la Fundación Santa Fe de Bogotá, esta ciencia estudia la relación entre el cerebro, el funcionamiento cognoscitivo y factores conductuales y afectivos.

Gracias a los avances de la neuropsicología en el siglo XX, la educación ha adquirido mayores herramientas: las diferentes formas en las que se retiene el conocimiento, cómo la emocionalidad afecta el aprendizaje y de qué manera se potencian las múltiples inteligencias del ser humano. 

Neuropsicología + pedagogía = neuroeducación

La neuropsicología y la pedagogía son dos disciplinas que pueden ir de la mano; mientras una explica cómo funciona el proceso cognitivo del cerebro al estudiar, la otra usa esos conocimientos en la formación educativa. 

De este diálogo interdisciplinario nace la neuroeducación, un campo que aterriza la neuropsicología al contexto educativo. Como señala el artículo científico “El papel de la neuropsicología en la educación”, tener en cuenta estas dos miradas epistemológicas ha viabilizado procesos de enseñanza eficaces, adaptados a las necesidades y particularidades de los estudiantes. 

¿Cómo se relaciona la neuropsicología con la educación?

En entornos educativos, la neuroeducación se ha centrado tradicionalmente en niños y personas con neurodiversidades, especialmente en temas como desarrollo cognitivo, funciones ejecutivas y didácticas de enseñanza. No obstante, en la educación media y superior todavía existe la necesidad de trabajarla “entre educadores, psicólogos y neurocientíficos”.

Especialmente se debe “abordar esa relación directa entre el estudiante y el docente para comprender tanto el proceso de aprendizaje del sujeto como las funciones ejecutivas, el bienestar psicológico y las experiencias personales de vida de los estudiantes”, como lo señala un artículo publicado en la Revista Científica Arbitrada de la Fundación MenteClara. 

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La neuroeducación integra conocimientos sobre neuroplasticidad cerebral para diseñar estrategias que estimulen el cerebro y se adapten a los ritmos y estilos de aprendizaje individuales. Este abordaje transforma el rol del educador y su relacionamiento con quien aprende, pues reconoce que cada estudiante procesa la información de forma diferencial. Además, permite fomentar conexiones neuronales más fuertes mediante experiencias emocionalmente significativas.

Como explica Luz Adriana Albornoz, líder de la Escuela de Educación, entender la educación desde la neurociencia permite optimizar los procesos de evaluación y la identificación de tipos de aprendizaje. En general, ayuda a tener herramientas no solo para una mejor práctica pedagógica, sino para ver integralmente al ser humano como un actor social, sintiente y pensante.

Albornoz señala que el aprendizaje se debe comprender desde la interdisciplinariedad, pues “hay que caracterizar cuáles son las demandas cognitivas de los estudiantes y saber cómo mediarlas. Un educador del siglo XXI debe comprender la complejidad de las ciencias para poder intervenir en la construcción de escenarios pedagógicos —que son cada vez más abiertos y están mediados tecnológicamente— y dialogar desde la investigación científica y la educación”. 

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El contexto socioeconómico: un factor clave en el aprendizaje

Las condiciones económicas y el contexto social pueden impactar directamente en el desarrollo cognitivo. Según una publicación de la revista Nature Mental Health, las personas en entornos de alta desigualdad presentan una superficie cortical reducida en áreas de memoria, atención y regulación emocional. En América Latina, esto se agrava por la exposición crónica a cortisol por estrés psicosocial, lo cual interfiere con la neuroplasticidad y afecta el hipocampo y la corteza prefrontal.

Ante este contexto, los profesores deben ayudar a generar condiciones para el desarrollo de habilidades. De acuerdo con Albornoz, la neuropsicología es un elemento clave para cerrar estas brechas, pues “desde la neurociencia podemos pensar cómo potencializar el cerebro y mejorar las condiciones de desarrollo de habilidades en contextos enriquecedores o vulnerables. La idea es que con la unión de estas dos disciplinas existan espacios donde los estudiantes se desafíen cognitivamente, pero también procedimental y actitudinalmente”. 

En el fondo, pensar la ciencia detrás de la educación y su función social en conjunto busca que se cumpla el objetivo final de enseñar: que todas las personas tengan las mismas oportunidades de aprender sin importar sus condiciones materiales o sociales. Cuando se consideran otras formas de impartir el conocimiento se fortalece el aula, como espacio de aprendizaje y enriquecimiento intelectual. 

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Lina María González
Máster Central
Bogotá, D. C., 13 de abril de 2026
Imágenes: Freepik

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