¿Qué tienen en común los profesores universitarios más destacados?
El investigador estadounidense Ken Bain identificó prácticas y métodos de enseñanza que distinguen a profesores sobresalientes.
¿Qué distingue a un profesor excepcional? Desde la década de los ochenta, el especialista en educación superior estadounidense Ken Bain buscó responder a esta pregunta estudiando las prácticas de docentes considerados sobresalientes.
Para desarrollar su estudio, Bain eligió a profesores con un desempeño sobresaliente y evidencias de éxito en el aprendizaje de sus estudiantes. Luego examinó durante más de 15 años sus prácticas mediante entrevistas, observaciones y revisión de materiales con el fin de identificar sus valores, actitudes y procesos que caracterizaban su labor docente.
De ahí nació el libro Lo que hacen los mejores profesores universitarios, en el que Bain analiza cómo ayudaban a los alumnos a aprender significativamente y cuáles eran sus métodos de evaluación. Esta publicación, más que ser una lista de prácticas pedagógicas, es un insumo clave para quienes buscan nuevas formas de fortalecer su trabajo dentro del aula de clases. No obstante, el autor explica que “las ideas aquí contenidas requieren una reflexión cuidadosa y sofisticada, un aprendizaje profundamente profesional y, con frecuencia, cambios fundamentales de concepto”.
En este artículo te mostramos los hallazgos más relevantes de Bain presentados en seis preguntas que se hizo sobre la práctica docente:
¿Qué saben y entienden los mejores profesores?
Según Bain, conocen extremadamente bien su campo de enseñanza. Entienden que deben organizar métodos de estudio propios para adquirir información actualizada y dominan, sea de forma empírica o teórica, conceptos de pedagogía para lograr que sus estudiantes construyan conocimiento autónomamente.
De acuerdo con el autor, un común denominador de estos docentes es que:
- Estudian con cuidado y abundancia lo que hacen otras personas en su disciplina.
- Leen a menudo publicaciones de su especialidad y, también, de otros campos ajenos a su ejercicio profesional.
- Están interesados en las discusiones epistemológicas, historias y controversias de su sector.
Sin embargo, el autor precisa que no se trata únicamente de saber sobre su disciplina. Los mejores profesores utilizan su conocimiento para llegar a la raíz de los conceptos y simplificar lo complejo. Además, comprenden los modelos mentales de sus alumnos y, gracias a esto, pueden identificar los obstáculos con los que suelen tropezar. A partir de lo anterior, explica Bain, los profesores logran hacer del aprendizaje una influencia duradera que cambia la forma de ver el mundo, que va más allá de los resultados o las calificaciones.
¿Cómo preparan sus clases?
Antes de planear sus clases, los mejores profesores se preguntan: ¿qué es lo que quiero que aprendan mis estudiantes?
Dependiendo de los resultados esperados, empiezan a pensar qué dudas van a resolver con el curso y cuáles capacidades desean desarrollar en sus estudiantes. También, se cuestionan cómo evaluar el aprendizaje de sus alumnos y de qué manera apoyarles para lograr los objetivos de la clase.
Otro punto en el que enfatiza el autor es la construcción de “un entorno para el aprendizaje crítico natural” en el que la clase se enfrente a problemáticas que despierten curiosidad y a tareas desafiantes. En este espacio, no existe una necesidad de aprobar; los estudiantes aprenden al experimentar y equivocarse.
Finalmente, Bain destaca la importancia que los docentes les dan a sus sesiones: “Los profesores excepcionales tratan sus clases, sus discusiones programadas, sus sesiones de resolución de problemas y demás elementos de su enseñanza como esfuerzos intelectuales formales que son exigentes y tan importantes como su investigación y su trabajo académico”.
¿Qué esperan dejarles a sus estudiantes?
Ante todo, los profesores creen en el potencial intelectual de sus estudiantes. Los docentes entrevistados por Bain opinan que cada alumno tiene capacidades únicas que pueden ser desarrolladas en el entorno adecuado. Por eso, buscan que las enseñanzas hagan cuestionar los modelos mentales propios, cambien la forma de entender su papel en el mundo y permitan desarrollar habilidades blandas para toda la vida.
Se trata de un “aprendizaje profundo” en el que los alumnos interiorizan el conocimiento, no solo se esfuerzan por aprobar un examen. En pocas palabras, el objetivo es construir un conocimiento que trascienda el espacio académico.
¿Qué hacen cuando enseñan?
Indiscutiblemente, cada profesor tiene su propia forma de enseñar y no hay un método correcto, señala Bain. No obstante, los mejores profesores entienden las clases como un espacio de trabajo colaborativo y de resolución de retos académicos. Por eso, proponen un “problema intrigante” que conduzca a los estudiantes a comparar, aplicar, sintetizar y evaluar.
Por otro lado, para mantener la atención, los docentes evitan los discursos rígidos y, por lo general, comienzan con una pregunta o afirmación contundente que capture el interés de los estudiantes. Inicialmente, buscan abordar el tema de la clase por medio de situaciones cotidianas, para pasar más adelante a conceptos complejos y abstractos.
¿Cómo tratan a los estudiantes?
Los docentes entrevistados por Bain prefieren establecer una relación horizontal con sus estudiantes. Para hacerlo, usan un lenguaje cálido y conversacional y se muestran abiertos a resolver dudas, tanto fuera como dentro de clase.
Algo destacable de estos profesores, señala Bain, es que son vulnerables y enseñan “cómo desarrollaron sus intereses, los obstáculos principales con los que se han encontrado a la hora de dominar la asignatura, o algunos de sus secretos para aprender alguna parte concreta de la materia”. Estas anécdotas, además de humanizar al docente, pueden ser una muestra de superación para los estudiantes y fortalecen la empatía.
¿Cómo comprueban su progreso y evalúan sus resultados?
Los mejores maestros entienden la evaluación como una forma de obtener información para mejorar y conocer el progreso académico. Por eso, evitan procesos arbitrarios y ofrecen un espacio seguro para el error, donde el estudiante puede recibir retroalimentación antes de la nota final.
Además, priorizan la autoevaluación y el diálogo constante. Reconocen que calificar es un intento honesto de medir el crecimiento humano, pero también una forma de evaluar su propio éxito como educadores.
Los hallazgos de Ken Bain muestran que la excelencia profesoral no depende únicamente del dominio disciplinar, sino también de la capacidad para despertar la curiosidad, acompañar los procesos de aprendizaje y construir relaciones de confianza con los estudiantes.
La Universidad Central reconoce el valor de la reflexión sobre las prácticas de enseñanza y promueve espacios orientados al fortalecimiento y la actualización de su comunidad profesoral.
Lina María González

