Prohibir celulares en clase: ¿límites o libertad pedagógica?
La disminución en la capacidad de atención plantea nuevos retos para el aula universitaria. ¿Qué estrategias pueden implementarse?
En los últimos 20 años, la capacidad de atención promedio de las personas pasó de dos minutos a 75 segundos, según la Asociación Americana de Psicología. Desde comienzos del siglo XXI, la concentración ha disminuido por razones como el estrés, la realización de múltiples tareas al mismo tiempo y el uso de dispositivos tecnológicos sin regulación, según señaló la investigadora estadounidense Gloria Mark.
Estos factores también han permeado la educación. De acuerdo con Natalia Perdomo, psicóloga de Bienestar Estudiantil de la Universidad Central, “los dispositivos digitales distraen y dificultan mantener una atención plena en clases, especialmente en aquellas que exigen mayor concentración a nivel cognitivo”. Agrega que el uso de celulares “llega no solamente a fragmentar la concentración, sino a sobrecargar la memoria, exigiendo un mayor esfuerzo para concentrarse en ambas cosas”. Según la profesional, el cerebro entra en un estado de alerta constante frente a posibles estímulos.
Distintos países han notado las repercusiones que tiene la utilización constante de celulares en clase y los han prohibido. El más reciente caso fue en Corea del Sur, que el año pasado aprobó una ley que veta los dispositivos tecnológicos en primaria y secundaria; en el 2023, Nueva Zelanda tomó la misma medida, y un año antes lo había hecho Italia. En Colombia, 27 colegios privados de la Unión de Colegios Internacionales (Uncoli) suscribieron una medida en esa línea. Todos estos casos han sido aplicados para educación básica y media, pero el debate es distinto en las universidades.
Un estudio, publicado en el 2022, concluyó que los estudiantes colombianos de 15 a 19 años, entre “mayor uso del smartphone, [tienen] mayor afectación en la atención sostenida; [...] por tanto, el uso del smartphone indirectamente afecta la memoria a corto plazo”. Esto sugiere que los adolescentes y adultos jóvenes podrían verse afectados por el contacto permanente con los celulares durante las clases. Pero ¿esa decisión debería ser tomada por las instituciones de educación superior?, ¿cómo equilibrar el avance tecnológico con la necesidad de una disposición plena para aprender?
La realidad social va de la mano con la digital
Más allá de los datos y hechos recientes, la tecnología es parte de la vida de los jóvenes y seguirá siendo así a largo plazo. Las dinámicas sociales están siendo mediadas por lo que ocurre dentro del mundo digital, pero ¿por qué es así?
“Somos nativos digitales. Desde que crecí, había celulares, tablets, videojuegos, computadores y, en el colegio, estaban tratando de implementarlos en la educación… Entonces, si ya uno viene de una enseñanza en la que integraron el celular sin control, desde ahí puede venir una necesidad de tenerlo”, opinó Tomás Castro, estudiante de quinto semestre de Comunicación Social y Periodismo en la UCentral.
También, el debate sobre tener el celular fuera o dentro de las clases se vincula con las realidades actuales del mercado laboral: en 2025, el 62 % de la fuerza laboral mundial utilizaba dispositivos móviles para tareas relacionadas con el trabajo y el 70 % de los empleados afirmaba que era esencial para laborar, según un estudio de ZipDo. Si los profesores anularan esa herramienta, podrían ir en contracorriente de las realidades para las que se prepara a los estudiantes universitarios.
Sin embargo, es necesario “darle un correcto manejo. Pienso que hay necesidad de usarlo por la facilidad de que le preguntas algo y en dos segundos tienes la respuesta. A veces se deja de lado el análisis y la capacidad de pensar por uno mismo”, dijo Paula Soto, estudiante de quinto semestre de Comunicación Social en la UCentral, quien destacó que la forma como se utilizan los teléfonos móviles puede impactar la capacidad de autonomía.
Entonces, ¿cómo los profesores pueden entender y abordar esas dinámicas en clase?
Estrategias educativas: el equilibrio en el aula
Para Wilfredo Salinas Peñaloza, magíster en Educación y profesor de la Escuela de Estudios Transversales de la Universidad Central, la discusión debe centrarse en la mediación educativa con dispositivos y recursos digitales desde el comienzo para crear autorregulación en los alumnos. El educador explicó: “Si formamos en los jóvenes un uso responsable, que mantenga como prioridad la interacción directa con los otros, se puede llegar a incorporar estos dispositivos como apoyo a su formación profesional, en lugar de convertirlos en un motivo de ‘atraso’ o ‘distracción’”.
Salinas ve el prohibicionismo como “el camino fácil”, pues esa postura pretende que haya un control absoluto de lo que hacen o no los estudiantes. En cambio, menciona que se deberían proponer estrategias pedagógicas que impulsen la tecnología como una herramienta de organización, aprendizaje y complemento a lo que ven en clase.
El Centro de Excelencia Profesoral y Desarrollo Curricular de la UCentral coincide con esta postura, al señalar que los dispositivos móviles deben estar “mediados por intencionalidad pedagógica, con acuerdos claros y criterios definidos por el profesor, de acuerdo con los objetivos del curso y las características del grupo”.
¿Qué hacer para evitar el uso excesivo del celular?
De acuerdo con Wilfredo Salinas y el CEPyDC, algunas estrategias viables en esta línea podrían ser:
- Llegar a acuerdos con los estudiantes sobre cuándo y para qué se permite el uso del celular.
- Diseñar actividades que mantengan activa la participación de los estudiantes.
- Alternar momentos de uso del celular con espacios de interacción en la presencialidad, fomentando el pensamiento reflexivo.
De igual manera, la psicóloga Natalia Perdomo comentó que una buena práctica para evitar distracciones con el uso del celular en el aula es establecer un límite de tiempo de conexión y realizar pausas activas entre las clases. A largo plazo, considerar este tipo de factores podría llevar a que futuras generaciones posean habilidades blandas y herramientas que les permitan balancear actividades digitales y físicas. Así, la responsabilidad del manejo no recaería solo en los profesores, sino también en el autocuidado personal.
Por ahora, el Ministerio de Educación Nacional de Colombia (MEN) no se ha manifestado en relación con el uso de celulares en instituciones universitarias. No obstante, señala que, de forma transversal, se debe regular más que prohibir.
La Universidad Central busca estar a la vanguardia de las discusiones y los retos que enfrenta la educación superior. En ese sentido, apoya la apertura a opiniones diversas para desarrollar mejores prácticas pedagógicas.

