La lectura en las cárceles como herramienta de reinserción social
Desde la academia, expertos analizan cómo el hábito lector contribuye al bienestar, la convivencia y la reinserción de personas privadas de la libertad.
Cuando una persona privada de la libertad tiene el hábito de la lectura, su vida puede cambiar significativamente. Según explican los investigadores Miguel Rivera Donoso y Konstantin Mierau, la lectura fortalece las habilidades sociales, mejora el estado emocional y desarrolla el pensamiento reflexivo, lo que, a su vez, favorece los procesos de convivencia y la reintegración social.
Durante los últimos 10 años, Rivera y Mierau han realizado más de 42.000 entrevistas a personas privadas de la libertad en Chile. Como explicaron durante su visita a la Universidad Central, su investigación encontró que identificarse con personajes literarios fortalece habilidades como empatía, autorregulación emocional y reflexión crítica. Por eso, es importante promover políticas públicas que impulsen este hábito.
De acuerdo con Alisson Quiroga, profesora del programa de Creación Literaria de la Universidad Central, para las personas en las cárceles, la literatura representa un puente con el mundo exterior que transforma sus subjetividades. Además, “hay una construcción de libertades a partir del acceso a servicios de consulta y préstamo, mediación de lectura, escritura y oralidad, que conduce a unas mejores posibilidades de resocialización”.
Los efectos positivos de la lectura en espacios de reclusión también se han evidenciado en Colombia, donde entidades como el INPEC, BibloRed y la Secretaría de Cultura de Bogotá, el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) y la Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia de Bogotá impulsan programas de mediación de lectura, fortalecimiento de bibliotecas penitenciarias y estrategias culturales orientadas a la resocialización.
La lectura como herramienta de reinserción social
Rivera y Mierau encontraron que la lectura reduce el malestar emocional asociado al confinamiento. De acuerdo con sus estudios realizados en centros de reclusión en Chile, quienes participan en actividades lectoras reportan mejoras en su comunicación, manejo de conflictos y convivencia dentro de los centros penitenciarios.
La lectura también evita que haya una rumiación recurrente (pensamientos repetitivos, usualmente negativos). Dicha conducta está asociada con el deterioro de la salud mental de la población presidiaria, pues puede conducir a enfermedades como depresión y ansiedad.
Donoso y Mierau también señalaron que las políticas públicas que apuestan por la lectura parten de entender a los internos de las cárceles como sujetos con múltiples dimensiones que deben ser atendidas, incluyendo los aspectos psicosociales.
Promoción de la lectura en las cárceles de Bogotá
En Bogotá, las cárceles Distrital, La Modelo y Buen Pastor cuentan con sus propias bibliotecas, que hacen parte de la Red de Bibliotecas Públicas de Bogotá. En estos espacios, las personas privadas de la libertad pueden acceder a literatura, encuentros formativos y eventos culturales. Así, se busca que la lectura sea una herramienta para restaurar el tejido social y apoyar la reinserción de las personas.
No obstante, para que estas iniciativas sean efectivas, es necesario que cuenten con asignaciones presupuestales suficientes y sostenidas en el tiempo.
Como afirma la profesora Alisson Quiroga, “lo que en realidad hace viables estos modelos de reinserción que apuestan por fortalecer aptitudes y capacidades relacionadas con la cultura y a la educación (como la formación de servicios bibliotecarios o la oferta de talleres de creación) es la designación de presupuestos al sector cultural, para seguir asegurando los equipamientos y funcionarios necesarios que realizan estas labores”.
La academia y la construcción de estrategias de reinserción
Las universidades y los centros de investigación aportan evidencia y análisis para comprender los efectos de la cultura y la lectura en personas privadas de la libertad y, en consecuencia, fortalecer los programas de reinserción social. Además, las instituciones educativas pueden funcionar como espacios de articulación entre el Estado, la sociedad civil y los demás actores involucrados en estos procesos.
Durante el conversatorio Impacto de la lectura en personas privadas de la libertad que realizaron en la Universidad Central, Rivera y Mierau insistieron en que se deben seguir investigando los efectos del hábito lector en personas cercanas o vinculadas con dinámicas criminales, para lo cual es clave el rol de las instituciones educativas.
En coherencia con su misión de transformar proyectos de vida e impactar positivamente la sociedad, la Universidad Central promueve escenarios de diálogo con expertos que enriquecen la formación integral de sus estudiantes. Estos espacios fortalecen el pensamiento crítico, amplían la comprensión de los desafíos contemporáneos y reafirman el papel del arte y la cultura como motores de transformación social.

