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Noticentral Universidad Central

La poesía interroga e incomoda al mundo: María Alejandra Menco

Cultura | 22 Mayo, 2026

La escritura, para María Alejandra Menco Valero, no es un ejercicio que inicia en el papel; es una extensión de su labor como docente rural en Suesca y una forma de ordenar sus silencios. 

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), la egresada de la Maestría en Creación Literaria de la Universidad Central fue galardonada con el primer lugar del Premio Nacional de Poesía Inédita, otorgado por la organización Tertulia Literaria de Gloria Luz Gutiérrez. Esta distinción reconoce obras inéditas con alto valor literario y posibilidades de proyección dentro de la poesía colombiana contemporánea.

Su obra, Pez Rojo, presentada bajo el seudónimo de "Marie Ann", se alzó como la ganadora en la edición 2026; de acuerdo con el jurado, destacó por su solidez estética y profundidad poética que transformó el duelo personal en una fuente de belleza y resistencia.

Noticentral conversó con Menco Valero sobre este hito en su carrera y sobre cómo su paso por nuestra Institución fortaleció el rigor detrás de su instinto creativo. En este diálogo, la poeta nos revela cómo la literatura puede habitar un aula de clase o un sendero rural, y ser herramienta para detener, interrogar e incomodar.

Un reconocimiento que dignifica la escritura

NOTICENTRAL: Ganar el Premio Nacional de Poesía Inédita en la FILBo es un hito. ¿Qué significa para ti este reconocimiento?

MARÍA ALEJANDRA MENCO VALERO: Más que un punto de llegada, lo siento como una confirmación íntima, donde la palabra que he venido sosteniendo en silencio se ha extendido para inundar a otros en forma de agua y pez. Es un reconocimiento que dignifica la escritura hecha en papeles sueltos desde los márgenes, lo cotidiano y lo vulnerable. Sobre todo, me impulsa a seguir trabajando en la escritura, cuidando ese mismo lugar desde donde nació el libro.

NC: Pez Rojo es una obra que nace del duelo. ¿En qué momento sentiste que el dolor personal podía transformarse en poesía?

MAMV: No fue una decisión inmediata, sino un proceso que se gestó en la Maestría en Creación Literaria. Al inicio, el dolor era puro desborde, no lenguaje. Con el tiempo entendí, como dice Idea Vilariño, que “escribir es intentar entender lo que duele”. Hubo un momento en que el silencio empezó a volverse insuficiente y la escritura apareció como una forma de ordenar la ausencia, de darle una respiración distinta al dolor. En este caso, la muerte de mi mamá abrió ese umbral: la necesidad de nombrar lo que faltaba y bordear el duelo desde las palabras, de hacer un espacio si se quiere de catarsis y, al mismo tiempo, de cuidado para habitarlo.

NC: ¿Por qué el seudónimo de Marie Ann?

MAMV: Marie Ann es la mezcla de dos nombres. Marie, forma francesa de María, que a su vez proviene del hebreo Miryam y es mi primer nombre, María. Ann, también de raíz hebrea, que es el nombre de mi hermana. Este seudónimo es una forma de construir un espacio simbólico entre el dolor y la gracia, la herida y la ternura; una dualidad donde lo íntimo se vuelve materia literaria sin exponerse del todo.

Maestría en Creación Literaria: rigor y conciencia sobre el oficio

NC: ¿Por qué decidiste estudiar la Maestría en Creación Literaria? ¿Cómo contribuyó tu formación en la Universidad Central a tu obra, que ahora es reconocida?

MAMV: La Maestría fue un espacio esencial de rigor y conciencia sobre el oficio. Me permitió comprender que la escritura también es disciplina, reescritura y lectura crítica constante; un volver a diario sobre las palabras.

Asimismo, considero que mi paso por la Maestría fortaleció el camino de mi obra en términos de referentes, estructura, lenguaje y recursos, aportando rigor sin comprometer mi voz.

NC: ¿Qué aconsejarías a los estudiantes actuales de Creación Literaria para encontrar una voz propia?

MAMV: Ser obstinados. Leer profundamente y escribir sin treguas. La voz propia no aparece de inmediato; se construye en el tiempo y con persistencia. Como dice Alejandra Pizarnik, “escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del canto”. Es una búsqueda que implica riesgo, atravesar el río con los ojos vendados, pero con honestidad radical.

Poesía y docencia, entrelazadas

NC: Has afirmado que enseñar también es una forma de escritura. ¿Cómo se alimentan mutuamente tu labor como docente en el colegio rural de Suesca con tu trabajo de creación poética?

MAMV: En el aula se escribe constantemente, aunque no siempre con tinta. Enseñar implica leer a los otros, interpretar sus silencios, sus formas de habitar el mundo. Esa sensibilidad nutre profundamente mi escritura. A su vez, la poesía me hace una docente más atenta a la palabra, más abierta a lo simbólico. Como plantea bell hooks, “la educación como práctica de la libertad es un acto profundamente creativo”, y en ese sentido, ambas dimensiones —enseñar y escribir— se entrelazan.

NC: ¿Cómo acercas la poesía y la literatura a tus estudiantes?

MAMV: Intento despojarla de solemnidad y academia. La poesía no como algo lejano, sino como una herramienta para nombrar lo que sienten y experimentan a diario. Trabajamos desde lo vivencial: escribir sobre su entorno, sus historias, sus afectos. Les propongo que la palabra no es solo tarea escolar, sino una forma de existir y de resistir en el mundo.

NC: ¿Qué sigue después de este reconocimiento?

MAMV: Seguir escribiendo. Tal vez con más preguntas que certezas. También explorar otros registros en la poesía, pero sin perder el vínculo con esa primera necesidad que dio origen a este poemario.

Una vida tejida entre la enseñanza y la creación literaria

María Alejandra nació el 10 de marzo de 1993, a las 9:59 de la mañana, en Bogotá. “Imprecisa desde el nacimiento”, comenta. “De raíces santandereanas (Olival) por parte de mi mamá y costeñas (Magangué) por parte de mi papá. Tengo una hermana llamada Ana y dos sobrinos, Luciana y Jacobo, a quienes amo con mi vida”.

Es docente rural en el colegio I.E.D. San Juan Bosco, vereda de Hato Grande, Suesca, desde hace tres años. Estudió Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y, posteriormente, la Maestría en Creación Literaria en la Universidad Central. 

Mi trayectoria ha estado atravesada por la enseñanza, la escritura y proyectos pedagógicos en los lugares donde he trabajado. Aunque he publicado algunos textos en revistas electrónicas como La Raíz Invertida y Círculo de Poesía, no ha sido algo extenso. Por eso, este premio representa precisamente la emergencia de mi primer libro que dialoga con el duelo, la enfermedad y la memoria”.

María Alejandra Menco Valero

En su tiempo libre disfruta leer, caminar, contemplar la naturaleza y viajar. “Creo que el vivir en el campo me permite espacios donde puedo conectarme con los seres y mi entorno”, agrega. 

Confiesa que le apasiona escuchar historias, tanto como contarlas, y siempre se ha sentido conectada con las plantas y la espera que enseñan, con prensar florecitas y hojas, bordar fotografías y telas. Al preguntarle por tres libros que recomendaría, responde: El padre de Sharon Olds, Animal ajena de Carolina Dávila y Vita longa y Felicity de Mary Oliver.

Mientras se prepara para los nuevos registros que explorará su escritura, María Alejandra continúa con un manifiesto cotidiano: “Que nunca me falte el cafecito, una libreta por si se amontonan las palabras y un libro que desate el lenguaje”.

Si tú también quieres escribir tus propias obras y aportar al panorama cultural, conoce más sobre nuestra Maestría en Creación Literaria aquí. 


Verónica Pérez Traviezo
Máster Central
Bogotá, D. C., 22 de mayo de 2026
Imagen: cortesía María Alejandra Menco Valero

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