¿Cómo incentivar la participación ciudadana en las universidades?
Desde la Universidad Central, se proponen metodologías para formar jóvenes más críticos, propositivos y con compromiso ciudadano.
El 50 % de las personas no votaron en Colombia en las últimas elecciones a Congreso, según el preconteo de la Registraduría Nacional. Más de 41 millones de colombianos estaban habilitados para sufragar, no obstante, la mitad decidió no ejercer su derecho al voto. ¿Cómo cambiar esta realidad y lograr que las y los ciudadanos hagan uso de los mecanismos de participación?
Si bien este es un fenómeno multifactorial y desde diferentes puntos de vista se pueden evaluar posibles soluciones, la academia tiene un papel muy importante en esta discusión, pues las universidades han sido históricamente centros de pensamiento, debate y formación ciudadana.
Tal como explica Diego Piragauta, magíster en Representación Política y Gestión Pública y profesor tutor de la Escuela de Estudios Transversales de la Universidad Central, las instituciones de educación superior “pueden ser uno de los pocos espacios donde los jóvenes cuestionan, debaten, contrastan ideas y construyen criterio propio con fundamento teórico y evidencia”.
Por tanto, el rol que tienen los profesores y el espacio de clase resulta vital. La promoción del pensamiento crítico, la argumentación, la escucha activa y la discusión respetuosa contribuyen a “una democracia más consciente, informada y menos vulnerable a la desinformación y la manipulación”, resalta Piragauta. Igualmente, señala que la academia, además de ser un espacio de educación profesional, debe formar ciudadanos capaces de tomar acción frente a las realidades nacionales.
¿Cómo se puede fomentar la participación ciudadana en los jóvenes?
Desde las universidades, el primer paso es conectar el contexto actual con los contenidos académicos. El especialista recomienda las siguientes metodologías para lograrlo:
- Aprendizaje basado en problemas (ABP): plantear situaciones reales del contexto local o nacional y pedir a los estudiantes que propongan soluciones utilizando los mecanismos de participación existentes (como el voto, el referendo, el plebiscito, la consulta popular, entre otros).
- Aprendizaje al servicio de la sociedad: vincular proyectos académicos con comunidades, para que los estudiantes acompañen procesos ciudadanos reales.
- Debates estructurados y deliberativos: fomentar espacios en los que no solo se discuta, sino que se aprenda a argumentar con evidencia y respeto.
- Análisis de casos reales: estudiar experiencias de participación exitosas y fallidas, para comprender sus alcances y límites.
Según indica Piragauta, si los jóvenes ven en sus espacios de aprendizaje que los mecanismos de participación impactan en problemáticas cotidianas, comenzarán a apreciarlos como herramientas reales de incidencia.
¿Cómo promover el respeto por las diferencias?
Para que los espacios de diálogo puedan tener un impacto real es indispensable la tolerancia de posiciones opuestas. De acuerdo con un análisis realizado por la iniciativa ciudadana Valiente es Dialogar publicado en la Silla Vacía, el 49 % de los colombianos considera que Colombia “va por mal camino” y esto es un efecto de la polarización, ya que “no solo fractura la conversación pública, sino que erosiona la confianza, la cooperación y la gobernabilidad”.
Piragauta expresó que una ciudadanía activa, crítica y responsable gestiona las diferencias, pero no las silencia. Para lograr esto, se deben “establecer reglas claras de diálogo desde el inicio: escuchar sin interrumpir, argumentar sin descalificar y diferenciar entre la crítica a las ideas y el ataque a las personas”.
El experto también recomienda fomentar ejercicios donde las personas expongan la postura contraria a la propia, para incentivar la empatía intelectual y evitar la deshumanización de la posición opuesta.
La posición del profesor: ¿tomar partido o ser neutral?
De acuerdo con Piragauta, “el profesor no puede ser neutral frente a los valores democráticos y los derechos fundamentales; allí debe ser claro y firme. Sin embargo, sí debe ser equilibrado frente a las posturas ideológicas o partidistas. El aula no es un espacio de adoctrinamiento. El rol del docente no es imponer una visión, sino proporcionar herramientas analíticas para que los estudiantes construyan la suya con autonomía”.
En ese sentido, independientemente de las posturas, se debe promover el contraste de argumentos y garantizar que todas las voces puedan expresarse en condiciones de respeto. Esta “imparcialidad pedagógica y el compromiso con la formación crítica” conducen a promover la participación ciudadana sana desde el salón de clase.
La academia es uno de los espacios que puede incentivar una participación crítica y empática, ya que es un motor de pensamiento y construcción colectiva de sociedad. Por ello, la Universidad Central reafirma su compromiso con el debate respetuoso y el intercambio de ideas que construya una sociedad con responsabilidad ciudadana.
Lina María González

