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El Grupo de Teatro de Bienestar Institucional de la Universidad Central volvió a presentar en el claustro unicentralista La trilogía del absurdo, del dramaturgo y director cubano Nicolás Dorr. Las funciones tuvieron lugar los pasados viernes 27 y sábado 28 de abril (Teatro México, auditorio Jorge Enrique Molina) y el jueves 3 de mayo (sala de exposiciones de la Sede Norte).
Con esta misma obra representará a la Universidad en el Festival Regional de Teatro de Ascún Cultura, que tendrá lugar en la Casa Teatrova, del 7 al 26 de mayo.
En La Trilogía del absurdo se recopilan tres obras: “El palacio de los cartones” (farsa-divertimento), “Las pericas” (farsa de humor negro) y “La esquina de los concejales” (farsa), que fueron escritas entre 1961 y 1962.
Para el director del Grupo, maestro Gustavo González Orozco, estas piezas teatrales forman una especie de trilogía fascinante, donde todo puede suceder, donde nada es imposible, donde los tiranos muestran sus dientes y donde campean la humillación, el insulto, el asesinato, la protesta y la esclavitud moral; y muestran un universo de prostitutas, robos, dominaciones familiares, rencores y luchas.
“Es un compendio de obras cortas de gran sentido político, social, crítico y satírico. En ellas está presente un mundo estético, mediante el cual los personajes son tipos convertidos en caricaturas de sí mismos, donde la realidad y la fantasía se entremezclan para llevarnos a un ámbito mágico o a ratos evocador del surrealismo, en el que lo grotesco aniquila de manera rotunda lo decadente”, sostiene González.
Además, en La trilogía del absurdo, en cada pieza de la triple puesta escénica, se entremezclan otras artes. La música y los bailes tienen una función muy papel importante en estas obras. “Los actores, en este montaje, han hecho una propuesta de una forma orgánica, al extraer sonidos y ritmos corporales que dan forma a una sinfonía coreográfica y a una escenografía expresionista”, comenta el director y adaptador de esta trilogía teatral.
No obstante, en este conjunto escénico sobresalen otros elementos que le dan vida y forma al género del absurdo. Uno de ellos es la espontaneidad, “que recuerda en ocasiones la escritura automática de los surrealistas, el libre juego de los elementos teatrales”, según González. Igualmente, en esta propuesta, se muestran aspectos muy importantes que resultan de la combinación creativa de acciones que, tanto el autor como el director, proponen para dibujar mejor el contexto de cada historia que integra la trilogía.
A lo anterior hay que agregar, sobre estas tres piezas escénicas, que el autor comenzó a escribirlas cuando apenas contaba con 14 años de edad. La primera de ellas –“El palacio de los cartones”– se estrenó en 1961. Las dos siguientes fueron escritas al año siguiente. De esta manera, se convirtió en el dramaturgo más joven del teatro cubano y marcó una pauta en este género escénico.
Marcela Guío Camargo Egresada de Comunicación Social y Periodismo Universidad Central Bogotá, D.C., 30 de abril de 2012.
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