La
seguridad social, entendida como el conjunto de
condiciones más adecuadas para garantizar
la calidad de vida de las personas tanto a nivel
individual como social, incluye dos aspectos fundamentales:
la dignidad del ser humano y el respeto por el otro.La
seguridad social es, entonces, un factor que humaniza
las relaciones sociales; así, constitu- ye
un elemento de estabilidad social y, como instrumento
de política, es esencial para el desarrollo
económico y cultural de los pueblos.
Por
diversas razones, las reformas políticas
y jurídicas a la seguridad social que se
han llevado a cabo, especialmente en Latinoamérica,
no han sido incluyentes, pues por lo general, no
han tenido en cuenta a todas las personas. En consecuencia,
se han generado problemas de cobertura que golpean
duramente los principios de igualdad, solidari-dad
y equidad, ligamentos fundamentales del tejido de
cualquier sociedad política moderna..
En
todos los sistemas actuales se presentan variables
que erosionan la eficacia de los mismos, a saber:
evasiones, escasa generación de empleo, incremento
del sistema infor-mal desprotegido, bajo retorno
de las inversiones en el sector, inequitativa correlación
entre administración y eficiencia, incierto
futuro de las reservas, débil relación
entre el costo y el beneficio recibido y, lo que
es peor, manejo indebido de los recursos. Frente
a estas variables surgen las preguntas de quién
debe (y cómo) garantizar la eficacia y la
eficiencia de las políticas de seguridad
social. Hay múltiples responsables y varias
facetas.
El
criterio de democracia participativa y la búsqueda
de identidad social que garanticen el sentido de
pertenencia a un Estado del que todos formamos parte,
plantean un llama-do general hacia la búsqueda
de soluciones adecuadas que incluyan la educación
en valores, el sentido de solidaridad y de pertenencia,
la dignidad humana y, sin lugar a dudas, el aspecto
de la disponibilidad de recursos, pues la tarea
y el objetivo son el diseño y la implementación
de sistemas que no sólo sean lógicos
sino viables, y tal viabilidad
incluye el gran problema de la financiación.
El
proceso de globalización, por su parte, hace
recomendable el intercambio de experiencias para
emprender, con enfoques sistémicos, las posibles
soluciones a los problemas actuales, así
como para conocer las realidades, con éxitos
y fracasos, de los
sistemas de seguridad social en otras latitudes.
La
poca eficacia de los acuerdos internacionales, la
falta de voluntad política, el desconocimiento
de los principios, la adopción de reformas
coyunturales, la escasez de recursos y la necesidad
de cumplir con compromisos financieros desarticulan
el sentido y la
responsabilidad de los Estados en esta materia y
agudizan los problemas sociales, lo que afecta la
gobernabilidad y, sobre todo, la legitimidad del
Estado.
Construir
Estado significa también participación,
y ello implica la puesta en juego de todas las disciplinas
que puedan hacer aportes a la solución del
problema. De esta forma, se busca estimular la producción
de nuevos saberes en la búsqueda de adecuados
satisfactores para las necesidades humanas, que
conjuguen lo político, lo técnico,
lo económico y lo social. Así, este
evento se convierte en una estrategia que busca
generar conocimientos y compartir experiencias para
iluminar los senderos de las alternativas y sus
efectos en una materia tan compleja como lo es la
seguridad social.
La
filosofía moderna está impulsando,
cada vez con más vigor, la urgente necesidad
de construir un nuevo sujeto político más
integral, más participativo, más solidario
y, por supuesto, más digno, pero no se puede
concebir una relación directa entre un mejor
sujeto político y una escasa seguridad social;
por ello, elevar sus niveles es una tarea que sigue
pendiente. |