PRESENCIAS DEL INSTANTE Y LA MEMORIA - POEMAS


CUANDO LA PALABRA SE HACE PRESENTE EN EL INSTANTE Y LA MEMORIA
Autor: Órinzon Perdomo
Ilustración portada: Duván López
Editorial: Departamento de publicaciones
Universidad Pedagógica Nacional
102 páginas
Distribución: Librería Universidad
Pedagógica Nacional.
Calle 72 11-86

¿Qué ha de ocurrir en la vida de un hombre para que se decida a recomponer el silencio? Algo se ha roto y sus pedazos causan heridas. Es momento de que la memoria realice el trabajo nada envidiable de recuperar lo que el olvido tomó para sí.

Sin embargo, Presencias del instante y la memoria de Orizon Perdomo no es el esfuerzo desesperado de un hombre por aferrarse a sus recuerdos. Es más bien un intento por abjurar de la muerte y sus vestigios. Pues si bien las palabras son un tributo póstumo a lo ya vivido, al mismo tiempo ellas habitan al hombre y sus rincones de paso. Crujen con la madera, son devoradas con el pan, bebidas en vino. Al convocarlas, su conjugación se hace difícil. Por desgracia o no, ha debido el poeta cuestionarse su presencia, interrogarlas, conservar lo que ellas aún pueden decir desde su ausencia.

Ven
Pon tu oído
En mi pecho
Y escucha
El intrépido
Aleteo
Del corazón
Escucha:
Es tu ausencia


Ha llegado el momento inevitable en que la verdad golpea y obliga a conjugar las palabras de nuevo. Así se construyen pasajes contradictorios con los trozos que el poeta aún conserva incrustados en las entrañas, o almacenados en papeles de bolsillo. De esta manera, los deseos son una negra nube/Impuesta; los desnudos pies del amante no son una invitación sino la despedida; la noche y el día se eclipsan Aquí adentro:/En mi dolor/En mi soledad; la vida es Una sonrisa/Petrificada/Un río de olvido. Y la ausencia, filo inasible y doloroso, va transformándose en instantes, evocaciones y tributos.

Entre las heridas restañan momentos de una soledad habitada por las imágenes de Fernando Pessoa avistando caminos para exaltar su gran vicio: El de la imaginería/Para inventar poetas/Y destruirte a ti mismo; de Cavafis y su mísero cuartel de huesos y órganos, Donde amó siempre/Sin saber nunca/Si fue amado; del volcánico Lowry con su Enamorada vida tormentosa/Complaciente/Y desatenta; y de Julio Cortázar que anda por ahí lento y transparente/Jugando a la vida/Y a cosas olvidadadas.

Poco a poco, casi sin pretenderlo, va reconstruyéndose el silencio, cobra forma de ojos atentos que desean mirarse en otro par de ojos, cómplices por compartir un solo olfato, una sola boca carnosa y una caricia enarbolada en andróginos pechos. El instante ya no responde sólo a un nombre, a una presencia desnuda de artificios. Ahora conjuga la imposibilidad de expresar el dolor por la muerte de quienes se negaron a pensar que “Afuera todo sigue padeciendo desesperadamente sin sentido”, del alto precio que debe pagar el poeta para componer un “Tango para piano y ausencia”.


... A cada instante
A cada paso
Me señala tu ausencia
Y ese silencio
Que hiere los recuerdos
Los días de gloria
Las palabras huidizas
Las impronunciables...
Las palabras que se empinan desde mí
Y no te alcanzan...


En efecto, el universo personal de presencias e instantes implosiona, se hace memoria sensitiva en una tierra de dóciles olvidos.


AMANECEN LOS sueños
Y el recuerdo
De la piel dilatada
En la distancia
Donde
Nuestros hombres
Los mejores
Baleados por la espalda
Por la furia sangrienta
De la historia
Vuelven aquí
Vestidos de otra luz
De otra vida.


Así, la palabra es despojada de su poder versificador y se explaya en narraciones de dura poesía- a la usanza del moderno Boudelaire -, pobladas por impresiones y recuerdos nada complacientes. Porque hablan de quienes injustamente apedrearon a Pablo Bateman y con las piedras que sobraban pretendieron edificar “un partido o una Santa Alianza donde cupiese todo menos Colombia”. Hablan del dolor de un país cobarde que entregó a su mejor zaguero para que fuera ajusticiado en la vía de Las Palmas, en Medellín; de sueños truncados y rotos en la cabeza inánime de Carlos Pizarro.

Presencias del instante y la memoria es- haciendo honor al silencio - el enfrentamiento de un hombre con su condición solitaria, un intento por reconstruir el mapa de presencias e instantes que hacen posible vivir. Con cada evocación y sentencia nos recuerda que “estamos hechos de tal manera” que somos materia de la ternura y la brutalidad. Que nunca es tarde para interrogarnos sobre nuestro lugar en el mundo.

“¿De qué mentira viviremos hoy?, ¿Qué palabra sincera, como tierna caricia, dará plenitud a este cuerpo que ahora no es otra cosa que un dolido alfabeto, un triste silabario?”

Andrés Castellanos Melo.
Comunicador social - periodista
Universidad Central
Especialista en Comunicación - Educación
Universidad Central
Investigador DIUC