El ex Contador General de la Nación: un centralista con las pilas puestas

Edgar Fernando Nieto Sánchez terminó su ciclo académico en la Facultad de Contaduría de nuestra Casa de Estudios en diciembre de 1973. Posteriormente fue docente, vicedecano, decano de la Facultad que lo formó y el primer Contador General de la Nación. Actualmente es gerente de la firma Edgar Nieto y Asociados, y consultor internacional.

UNIVERSIDAD CENTRAL: ¿Por qué decidió estudiar Contaduría Pública y por qué en la Universidad Central?

EDGAR NIETO : Trabajé desde muy pequeño e hice mi bachillerato nocturno, al igual que mi carrera. Mientras adelantaba mis estudios secundarios tuve la oportunidad de trabajar en un banco, labor que me permitió entender la importancia de los números y del orden de las cuentas en las entidades. Allí, donde empecé como mensajero y fui patinador y contador, adquirí el conocimiento empírico. Cuando terminé el bachillerato quise descansar, pero alguien me dijo que existía una Facultad de Contaduría en una universidad nueva -estamos hablando del año 1969. La Universidad Central fue fundada en 1966-. Esta persona me preguntó: ¿Por qué no estudia contaduría? Justamente, el día de los exámenes de admisión, pasábamos por allí y me inscribí. La inscripción me costó cien pesos.

UC: ¿Qué recuerdos gratos guarda de la Universidad?

EN: Todos. La disfruté al máximo y siento que le debo gran parte de mi formación. Logré un estrecho vínculo con ella, con mis compañeros y con mis profesores. Conmigo no ocurrió lo que en muchos casos, en los cuales uno pasa por la universidad, sin que ésta pase por uno.

La sede no estaba en el mejor lugar, pero la pasamos muy bien porque los directivos y los maestros eran excelentes, y hubo mucha integración con todos ellos. Era un buen equipo, un grupo homogéneo y familiar. Claro está que exigíamos, y eso le sirvió a la Universidad. Sin duda alguna, la Facultad de Contaduría centralista ha sido pionera y líder en esta profesión. Y seguramente, los directivos identificaron ese cariño, esa mística, ese deseo de que la Central fuera cada día mejor. A finales del 77, sólo tres años después de haber egresado, llegué a ser decano de la Facultad, cargo que ocupé durante 17 años.

UC: ¿Cómo llegó a ser decano? ¿Cómo fue su vinculación a la Universidad, y cómo su gestión en este cargo?

EN: Como tenía fama de conflictivo, rebelde y contestatario, obviamente jamás imaginé volver a la Central. Sin embargo, recién terminé, me llamaron de otras universidades. A los tres meses comencé a dictar clases en La Gran Colombia, cuyo decano me conoció como un activista preocupado por las cuestiones gremiales. Puedo decir, sin el menor asomo de inmodestia, que fui muy buen estudiante. Por eso en pocos meses pasé de ser estudiante a docente, profesión que ejercí con éxito durante tres años. Y eso fue, seguramente, lo que llevó al decano de la Universidad Central a invitarme como profesor.

Al término de los seis meses de docencia, me nombraron vicedecano en la jornada diurna, y al año ya era decano. Así fue mi paso por la Central: muy acelerado, como han sido muchas cosas en mi vida, en la que generalmente se han dado acontecimientos satisfactorios. Las razones... las tiene el Altísimo, que es el que sabe qué pone a hacer a cada quien.

Sin lugar a dudas, la Universidad Central ha tenido en la Facultad de Contaduría un estandarte, una bandera, una Facultad insigne. Yo tenía una doble responsabilidad: era el primer egresado, incluso de cualquier facultad de contaduría en el país, que llegaba a ser decano de su propia Alma Máter. Eso me comprometió muchísimo, y me obligó a realizar una buena gestión, sobre todo porque mis antecesores habían sido excelentes. Entonces, yo tenía que recoger las experiencias, disparar y multiplicar la imagen que ellos habían dejado.

Por esa razón, lo primero que hice fue olvidarme de todas las otras actividades. Me dediqué dos años a organizar, reestructurar y redimensionar la Facultad. Estuve ahí hasta que me nombraron Contador General de la Nación. De lo contrario, no hubiera salido, porque si hay algo que en la vida he disfrutado, además de mi trabajo, es la actividad docente. Sufrí lo indecible cuando tuve que dejar la Facultad. Debía elegir entre hacer dos cosas a medias, o dedicarme a hacer una bien. Opté por lo segundo y creo que ahí está la clave del éxito: cuando uno se compromete a algo, debe hacerlo bien y con gusto. Consideré que esto último era lo más responsable, dado que me habían encomendado la importante tarea de desarrollar una entidad, una figura de la Constitución, sin precedentes en el país.

UC: ¿Cómo fue su paso por esa oficina y el papel que desempeñó?

EN: Creo que lo mejor que le puede pasar a cualquier ser humano, es dejar una huella y servir a su país. El valor de prestar un servicio público, máxime cuando se tiene que partir de cero en una entidad, es inconmensurable, a pesar de las dificultades. Es importante ver que hubo, después de varios años de estar al frente de ésta, un reconocimiento general: fuimos elegidos como una de las cinco entidades públicas más exitosas del país, entre cerca de 150 convocadas por la gestión pública. Varias de éstas tenían 60 y hasta 90 años de antigüedad. Nosotros sólo tres. Eso es satisfactorio, pero lo más importante es que el país ahora tiene un ordenamiento contable, y que combate la corrupción, con base en lo que nosotros aportamos; que el país y la ciudadanía se integran y sienten que los bienes públicos son de todos. Este lenguaje era exclusivo de unos pocos. Hoy, todo el mundo habla de la contabilidad y de los balances; sabe del patrimonio, de las deudas de su municipio, etc.

Ese siempre fue mi sueño. Siento que cumplí mi misión. Ya la institución se consolidó ante organismos internacionales, los cuales reconocen que existe una fortaleza muy grande: tenemos una información que es la que va a permitir contar con buenos administradores públicos, e involucrar a la ciudadanía en la vigilancia de los recursos de todos los colombianos.

UC: ¿Qué sugerencias tendría usted para la Universidad Central?

EN: Por un lado, que se continúe garantizando la calidad académica, proceso en el cual deben involucrarse necesariamente los diferentes estamentos. El estudiante debe jugar un papel activo dentro de este proceso; tener una actitud crítica y positiva en cuestión de currículo; hacer una evaluación para ver hasta dónde se está recibiendo una adecuada formación. Los mejores amigos míos en la Universidad, como decano, fueron los líderes. Y aquí tengo varios de ellos. Creo que la Universidad debe estimular, en todos sus frentes, ese liderazgo, que hace parte de una formación humanística e integral. Asimismo, fomentar el liderazgo del egresado, no sólo en el campo de su profesión, sino en el social y en el político. Debe buscar que la persona realmente sea consecuente con su entorno, y que haga algo por mejorarlo, no solamente criticando lo que es criticable sino también recuperando lo que es positivo. Otro aspecto importante es inculcarle a la gente el sentido de pertenencia, de respeto, de ética. Existen muchos frentes en los que esa formación ética tiene que contribuir a cambiar el país. El contador, al graduarse, no debe olvidar que afuera hay un mundo. El hecho de desempeñarse bien en su empresa, de ganar buenos sueldos, y de ser una persona exitosa, no quiere decir que se pueda olvidar de su comunidad.

Por otra parte, digámosle al estudiante que cuando tenga la oportunidad de actuar como servidor público, debe tener en cuenta que eso que está haciendo es de interés para todo el país. Asimismo, que tiene que volver los ojos hacia su Universidad, no sólo para criticarla, sino para preguntarse cuándo se ha preocupado por darle algo; y debe saber que si no le da a ésta, tampoco le da a su familia ni a su vecindario, ni al país.

UC: Podría explicarnos, en breves palabras, ¿por qué es importante la Contaduría Pública?

EN: Esta profesión tiene una responsabilidad social enorme, porque cuando da fe pública de las cifras, de los resultados, está diciéndole al país: “mire estas cifras; créalo, porque lo está diciendo un contador, quien técnica y profesionalmente ha hecho un estudio y puede decir que eso es cierto”. Entonces, implica un gran compromiso y un llamado a cumplir un papel muy importante en el futuro.

Debemos ser críticos, analíticos, y tener entereza para decir las cosas en el momento en que ocurren y sin miedo. Porque en esta profesión muchas veces la gente es pusilánime, complaciente, condescendiente y temerosa de los enfrentamientos, y cuando uno quiere hacer algo tiene que ser firme en sus convicciones y principios, a sabiendas de que puede molestar a unos, y seguramente favorecer a otros. Mientras no se cometa arbitrariedad alguna, se debe seguir adelante. Cada obstáculo debe ser un motivo más para seguir avante. Entre más impedimentos uno va salvando, es mayor la satisfacción y la emoción que se le pone a la profesión. Eso es como una competencia y yo quiero llegar a la meta, con todo lo que venga en el camino. El contador tiene que pensar que la cosa no es fácil; que no se trata solamente de salir a disfrutar de una profesión; que el país se desangra y se desmorona, precisamente por la apatía y la indolencia de la misma gente.

UC: ¿Tiene algún mensaje para los estudiantes de la Universidad Central?

EN: Siempre he dicho que todo lo que uno haga en la vida, tiene que hacerlo con gusto. Debe amar lo que hace, así sea policía, contador o periodista, porque, de lo contrario, no va a tener éxito. Cuando uno está convencido de que va a ser el mejor, seguro que lo puede hacer. No hay nada imposible. Cada vez me convenzo más de que nos ha faltado apropiarnos de las cosas; esa mística y ese compromiso que se requiere para triunfar. Lo que les digo a los estudiantes es que quieran lo que hacen, quieran su universidad, su grupo, sus compañeros; es decir, que aprecien el entorno y luchen por tener ideales. Que tengan metas claras, traten de ser los mejores alumnos y los mejores profesionales. Pero no a través de la competencia malsana. El buen estudiante es el que ayuda a su compañero a que sea bueno y a que compita con él. Siempre debemos pensar que hay mucho por hacer, y que hay que hacerlo desde ahora y no esperar a graduarse o a tener treinta o cuarenta años. Uno comienza a construir su vida desde muy niño.