Nómadas
cumple veinticinco números
y queremos cerebrarlo. Durante
más de una década
ha mantenido su propósito
de difundir conocimiento crítico
a través de la publicación
de investigaciones y discusiones
sobre el pensamiento de vanguardia.
El hecho
de que las circunstancias actuales
de los países de la ‘periferia’
estén obligando a las
ciencias sociales ‘locales’
a ingresar en la carrera del
reconocimiento ‘global’
ha llevado a Nómadas
a participar en la serie de
indicadores impuesta por los
grandes ‘centros científicos’;
pero no por ello la Revista
ha abandonado la pretensión
de hacer circular conceptos
y nociones con los cuales “pensar
las cosas de otra manera”,
mediante la puesta en tensión
de trabajos investigativos interesados
en la comprensión de
procesos sociales marginales,
y de debates contemporáneos
sobre el papel de los intelectuales
y del conocimiento y sus vínculos
con los grupos sociales.
El objetivo que engloba el tema
monográfico de este Número
está inscrito en la articulación
entre conocimiento y experiencia,
en lugar de la subordinación
de ésta a aquél.
Uno de muchos caminos para pensar
esa relación es el de
asumir que la subordinación
de la experiencia al conocimiento,
por lo menos en lo que concierne
al conocimiento occidental,
da lugar a la regencia de la
totalidad sobre la multiplicidad,
como pretenden los procesos
imperiales y coloniales de la
ciencia que se quieren imponer
desde hace siglos.
La articulación
entre conocimiento y experiencia
significa traer a cuento el
pensamiento postulado por Spinoza
en el siglo XVII, referido a
la potencia y no al poder. Por
esta razón, los textos
que conforman el tema monográfico
invitan a recrear la pregunta:
¿qué puede un
cuerpo?, la cual continúa
siendo revolucionaria tanto
en lo que concierne a su novedad
como a su capacidad de transformación.
Respecto a la novedad, actualizó
un campo de problemas inserto
en la concepción moral
y política de la Antigüedad
que, paulatinamente, el cristianismo
del siglo V desplazó:
el propio de la inquietud por
las condiciones para conocer
que en la Antigüedad greco-romana
hizo mención a un paralelismo
entre las exigencias del orden
de la experiencia y del orden
del espíritu; de acuerdo
con este campo, para aumentar
la libertad era menester construir
un vínculo de conveniencia
entre ambos órdenes de
forma que el acceso al conocimiento
demandara algún tipo
de transformación de
las prácticas vitales
de los individuos, es decir,
era indispensable aumentar la
potencia del cuerpo (experiencia)
con miras a aumentar la potencia
del pensamiento (conocimiento).
En cuanto
a la capacidad de transformación,
la pregunta actualizó
el campo de problemas de la
Antigüedad según
el cual el aumento de las potencias
individuales provocaba simultáneamente
el aumento de las potencias
grupales, entendido como la
suma de las potencias de existir
y pensar de los distintos individuos
que conformaban agrupaciones
donde compartían experiencias
vitales e intereses por el conocimiento;
así, el despliegue de
los visos individuales de libertad
era el requisito de la existencia
tanto del individuo como del
grupo, por lo que la libertad
de cada individuo y grupo, en
lugar de resultar del seguimiento
de un conjunto de normas externo
que obligaba a determinadas
prácticas específicas,
promovía la creación
de estilos de vida singulares
y, simultáneamente, componía
el grupo mediante la articulación
de diferentes estilos de vida.
En síntesis,
la pregunta por la potencia
del cuerpo proponía repensar
la relación tiranía-servidumbre
mediante una de las soluciones
propuestas, de tipo moral y
político, a los problemas
que generaba esta relación
en la Antigüedad greco-romana.
Si bien tenía presente
la idea de la imposibilidad
de una libertad total, ya fuera
grupal o individual, invitaba
a componerla en una traza singular:
lo que cada cuerpo puede en
su relación particular
con otros cuerpos.
Rápidamente
desviada por la línea
que bosquejó Descartes
y que Occidente siguió,
la inquietud spinozista encontró
ámbitos de acción
marginal donde desarrollarse.
Del siglo XVII al siglo XXI,
ha rondado una línea
de pensamiento que ha insistido
en actualizar su mismo campo
problemático y que buscamos
ejemplificar en esta edición
de Nómadas a partir de
una selección de ensayos
provenientes de los ámbitos
de la filosofía, la ciencia
y el arte.
En lo
que respecta al ámbito
de la filosofía, los
artículos publicados
comparten el propósito
de fragmentar el presupuesto
de totalidad. Para algunos de
ellos, actualizar la pregunta
spinozista demanda repensar
la idea de multiplicidad, a
través de la relectura
pragmática de Nietzsche
con la cual entablar vínculos
novedosos entre las ciencias
sociales y la sociedad que ellas
encarnan, capaces, de asociar
componentes disímiles
y de diseccionar elementos heterogéneos
de un mismo compuesto. Para
otros, dicha actualización
requiere emplear la teoría
de la exterioridad de las relaciones,
de William James, según
la cual las palabras en sí
mismas no son nada, sino que
son definidas por sus relaciones
siempre externas a ellas. Entonces,
las palabras, o los seres, están
a la vez en distintos sistemas
y varían constantemente
sus relaciones, sin que ello
cambie del todo su significado.
Lo anterior, según algunos
articulistas, no implica abandonar
los principios de la filosofía,
de la búsqueda de la
verdad, del sujeto y del ser,
sino aunar estos principios
a la noción de multiplicidad;
para otros invitados supone
fortalecer un pensamiento poscolonial
(subalterno) que conciba una
política de la diferencia
y rompa con el vínculo
tiranía-servidumbre implantado
por el sistema “mundo
capitalista” como condición
para liberar la potencia de
la multitud.
Frente
a la ciencia, los artículos
buscan desgarrar la pretensión
de objetividad y de medida y
plantear, en cambio, un modo
de analizar los ‘hechos
sociales’ en el que se
manifieste la multiplicidad
de relaciones afectivas y no
solo discursivas. Los de carácter
genealógico dan cuenta
de distintos modos, creencias,
valores y afectos de gestación
de los acontecimientos y de
su devenir. Los de carácter
crítico presentan esos
extraños vínculos
entre el conocimiento denominado
científico y sus objetos
que, como personajes, pueblan
con distintos acentos afectivos
los mapas y tramas en que se
desenvuelven y organizan los
sucesos de los episodios narrativos.
Los artículos presentan
procesos sociales que se construyen,
y no simplemente se constatan
y reconocen, y se alejan de
preconcepciones donde reinan
figuras de soberanos y súbditos
y paisajes de reinos y comarcas
idílicos, en sus versiones
patriótica, nacionalista
o popular. Proponen otras éticas
que abren paso a personajes
perversos, lugares siniestros
con límites difusos y
senderos abismales.
Finalmente,
en lo que corresponde al arte,
los textos formulan una relación
entre arte y política
regida por la indiscernibilidad,
es decir, por un vínculo
en donde ambos ámbitos
al mismo tiempo en que se diferencian,
se ligan y potencian, de manera
que la acción de uno
no subordina la del otro. El
arte, dicen unos, tiene por
función la creación
de mundos plurales donde nuevas
sensibilidades encuentren nuevos
valores y creencias y se gobiernen
por la libertad inherente a
ese encuentro, su propio encuentro.
Otros plantean el desplazamiento
de la supremacía de lo
discursivo, entendido como el
campo de actuación de
la comunicación; el arte,
más que el medio de manifestación
de un concepto previo, (por
ejemplo, una idea vuelta imagen
o instalación) es la
acción de conformación
de un territorio particular
de la expresión de un
compuesto afectivo (estilo).
También postulan el corrimiento
de la preeminencia de lo político,
entendido como representación;
de modo que el arte no resulta
de un acto encauzado a alcanzar
una finalidad predeterminada
(por ejemplo, la conciencia
de una privación o de
una injusticia), sino de la
acción de desterritorializar
compuestos ya conformados y
de delinear la expresión
de un grado de libertad comprendido
como novedad. De los artículos
se desprende que el arte, en
el despliegue de la operación
de componer y descomponer territorios
afectivos, realiza una acción
política consistente
en crear mundos en los que aumentan
los grados de libertad de la
multitud que los constituye.
Este
número de Nómadas
se empeña en acoger aquello
que la moral dominante se ha
obsesionado en expulsar gracias
a su confianza ciega en la ‘razón
moderna’ arrogada como
la única que puede, en
su despliegue incesante y así
sea al final de los tiempos,
saldar cuentas con lo violento,
lo pueril y lo arcaico. Al acoger
como objetos al desecho, a la
barbarie, a lo marginal, el
conjunto de ensayos escogido
no pretende su civilidad, más
bien propone relaciones entre
filosofía y política,
ciencia y política, arte
y política como elementos
con los cuales conformar tensiones
que desplazan las oposiciones
características de binomios
profundamente arraigados en
nuestras creencias, en afectos
y valores, y de los que emergieron
también las ciencias
sociales, como los de subdesarrollo
versus desarrollo, salvajismo
versus civilización,
barbarismo versus democracia...
Los artículos invitan
a trazar vínculos afirmativos
e indiscernibles entre estos
binomios, bajo el supuesto de
que, al mismo tiempo, somos
bárbaros y civilizados,
arcaicos y modernos, anómalos
y normales... Conocimiento y
experiencia de sí es
ante todo una apuesta política.