El tema monográfico
de esta entrega está
dedicado a una cuestión
que cada vez se torna más
definitiva en el ámbito
de la investigación científica
y de la reflexión intelectual
provenientes de distintas tradiciones.
Se trata de la relación
comunicación-educación,
pensada como eje, tópico
o problema alrededor del cual
se amplía día
a día el campo de trabajo
y la generación de múltiples
propuestas de acción.
El alto grado de desarrollo
material y la ingente acumulación
de riqueza diversificada que
caracteriza el mundo post-industrializado
en el marco de globalización
que determina la existencia
de las sociedades contemporáneas
frente al próximo milenio,
es inseparable de la apropiación
intensiva y de la explotación
a escala creciente de las principales
tecnologías derivadas
de la permanente innovación
científica acaecida a
lo largo de este siglo, especialmente
en la segunda mitad de la centuria.
Con razón se esgrime
la tesis de que el conocimiento,
la capacidad para generarlo
y utilizarlo de modo sistemático
con distintos y complementarios
tipos de aplicaciones, constituye
el factor decisivo para asegurarse
un lugar en el futuro de mediano
y largo plazo. La necesidad
de acercar vastos sectores de
la población a esas nuevas
condiciones del desarrollo científico
y tecnológico demanda
la respectiva capacidad para
asimilar el impacto social y
cultural derivado de ellos,
y es ahí donde comunicación
y educación emergen como
elementos claves para abordar
positivamente los retos que
dichas transformaciones están
demandando. Los avances de los
medios masivos de comunicación,
la informática y la telemática
han contribuido al establecimiento
de un denso mercado mundial
de símbolos, y con ello,
al fenómeno de globalización
de la cultura.
En efecto, hoy día,
al menos como posibilidad, las
personas pueden tener acceso
a gran cantidad y diversidad
de información y saberes
producidos, referidos a múltiples
contextos y con diferentes intencionalidades.
Frente a esta oferta, el receptor-consumidor
no sólo satisface parte
importante de sus necesidades
de información y conocimiento,
seleccionando y resignificando
aquello que es consonante con
sus intereses, sino que estos
intereses son moldeados y reorientados
por las tendencias, modas y
dinámicas del mercado.
La comunicación emerge
aquí como ámbito
privilegiado, como dimensión
esencial de esas nuevas condiciones
marco para el curso de la vida
social.
Se colige de ello la necesidad
de dotar la acción humana
de ese componente estructural.
Ahí aparece entonces
la educación que entendida
en su sentido más amplio,
esto es, como una iniciación/
preparación para la vida
social y la interacción
cultural, requiere apropiarse
integralmente de la dimensión
comunicativa para la existencia
de mujeres y hombres que alcancen
así su pleno despliegue
y realización.
Sin embargo, en contraposición,
los saberes que proponen muchas
de las instituciones educativas
de nuestro país son saberes
anquilosados, distanciados de
la praxis cotidiana y de las
expectativas más vitales
e inmediatas de los sujetos;
además, son saberes frente
a los cuales crece la brecha
con las fronteras del conocimiento
que provee la ciencia y la tecnología.
De esta forma, la condición
de uniformidad y normalización
en los procesos pedagógicos,
instructivos y formativos, conduce
a ciertos niveles de homogenización
y estatismo en los contenidos
de significación que
sugieren.
La tensión resultante
del contacto de los sujetos
con los ámbitos comunicativo
y educativo lleva a la generación
de ambigüedades y escisiones
internas que afectan sus referentes
simbólicos y éticos,
así como el sistema de
adscripciones y diferenciaciones
culturales. Esta situación
expresa la incapacidad de la
escuela, y del aparato educativo
en general, para responder a
las nuevas formas de socialidad
contemporáneas, fenómeno
denominado como el destiempo
y desfase social del aparato
educativo.
En relación con lo anterior,
uno de los aspectos destacados
por varios de los articulistas
del tema monográfico
de este número de NOMADAS,
tiene que ver con la emergencia
cada vez más fuerte de
lenguajes no escriturales (audiovisual,
proxémico, oral, numérico)
que coexisten sobreponiéndose
a las gramáticas propias
de la escritura y por tanto
a la lógica de la razón
argumentativa. Esta complejidad
lingüística está
directamente relacionada con
la formación de nuevas
sensibilidades, es decir, con
nuevas formas de percepción
y cognición, diferentes
modos de sentir y establecer
afectos, así como novedosas
maneras de configurar órdenes
y sistemas valorativos e identitarios.
No obstante, el aparato escolar
no ha dado cuenta, al menos
con la importancia que ello
amerita, de estos cambios y
de los retos que para la educación
ellos suponen.
Las transformaciones que se
le exigen a la escuela no se
reducirían, como se podría
pensar desde una visión
instrumentalista, a la incorporación
de los medios y tecnologías
de información y comunicación
al aula de clase, pues esta
perspectiva más bien
respondería a las necesidades
que el mercado de la industria
informativa y de las telecomunicaciones
le imponen a los países
del tercer mundo. Por el contrario,
el cambio requerido debe ser
integral e implica la transformación
estructural del sistema educativo,
de la organización interna
de las instituciones, de la
relación pedagógica
(sistemas de autoridad, modalidad
comunicativa, formas de participación),
de los modelos de aprendizaje
utilizados, de los regímenes
del saber, de las formas de
capacitación de los maestros,
entre otros. En este sentido,
son las necesidades pedagógicas,
educativas y sociales particulares
las que determinarían
el carácter de la incorporación
de los medios y tecnologías
al aparato escolar.
El reto que se le plantea a
la escuela y a la academia consiste
en analizar y valorar el cúmulo
de transformaciones arriba mencionadas,
caracterizar dichas necesidades
y, ante todo, diseñar
y proponer alternativas que
propicien una nueva dinámica
comunicativa y permitan que
esta institución responda
a la nueva época. Entre
nosotros apenas comienza a darse
un abordaje riguroso de la cuestión;
pero lo importante es el hecho
que ya existe en la comunidad
científica y académica
nacional un claro reconocimiento
de la importancia que reviste
como problema de investigación
este campo o eje de la comunicación/educación.
Incluso podría aventurarse
la idea de que por ese eje problemático
pasan hoy innumerables fenómenos
de la vida social y cultural
que, vistos de esa perspectiva
de análisis, serían
objeto de interesantes desarrollos
capaces de sumarse al proceso
de construir una sociedad más
justa y equilibrada.
La convicción de que
en ese campo específico
se concentra en gran medida
el nudo gordiano de nuestra
particular modernización
con sus implicaciones en el
orden económico-material,
científico-tecnológico
y sociocultural, es la que ha
motivado la decisión
de dedicarle el tema monográfico
de este nuevo número
de NOMADAS.
Las distintas colaboraciones
hablan por sí mis-mas
enriqueciendo el abanico de
miradas y prospectivas al respecto,
y en su conjunto se inscriben
como una gran propuesta a la
comunidad académica nacional,
a los círculos intelectuales
y culturales, a los amplios
grupos de educadores y comunicadores,
en fin a todo ciudadano interesado
en estos fenómenos para
que en el país se intensifique
y ahonde la discusión
acerca de la incidencia y significación
de este grupo de problemas cobijados
en la relación comunicación-educación.
Son reflexiones que se constituyen
en marco de la determinación
institucional de la Universidad
Central de poner en marcha un
Programa de Comunicación-Educación
que esperamos se inicie a partir
del próximo semestre.
DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIONES